CÁSATE CONMIGO


¿Creen que este post trata de amor? ¿De casarte con tu pareja ideal, con el amor de tu vida o con quien sea que estés ahora? Pues no.

Muchas veces nos casamos con más que personas, nos casamos con emociones, ideas, cosas u objetos.


Una típica idea con la que solemos casarnos es con la idea de que la edad importa, que si no logramos cierto reconocimiento hasta una determinada edad, hemos fallado e incluso fracasado. Nos casamos con la idea de querer compararnos con las personas que nos rodean, olvidando que la única persona con la que debemos compararnos somos nosotros mismos.

Nos casamos sin darnos cuenta, con la falta de amor propio, con la idea de que el bienestar de los demás está por encima del nuestro hasta llegar al punto de olvidarnos de nosotros mismos.

Nos casamos con emociones que antes hemos sentido y dejaron huella, pensando que siempre nos harán sentir de la misma manera.

¿Cuántos de nosotros hemos escuchado decir a nuestros abuelos o padres que no pueden “dejar la casa sola” o que no se mudarán porque “esa es su casa”? Pues, se casaron con sus casas, se casaron con un objeto que los frena a realizar algo más o ver más allá.

¿Cuántos de nosotros nos hemos casado con una idea, emoción u objeto que nos frena y nos paraliza al querer realizar más? ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir casados con emociones que nos atan, con objetos que nos hacen permanecer estáticos?

Si vas a casarte que sea con tu pasión, con tu propósito de vida, con la mejor lección que te haya enseñado papá y también con el amor de tu vida. 

Que si esas emociones o ideas que te restan vuelven a decirte CÁSATE CONMIGO, tú estés listo para no hacerlo más.


Delia Choquehuanca.






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